Este proyecto tiene como objetivo establecer un diálogo con las redes de cultura comunitarias que se forman alrededor de las bibliotecas populares-barriales, escuelas y espacios independientes. Estos lugares son fundamentales ya que permiten el acceso a los bienes culturales a través de intercambios justos y solidarios. Desde esta perspectiva, nuestra propuesta busca cuestionar los modos tradicionales de hacer y relacionarse con el arte y la cultura, y reflexionar sobre el lugar del diálogo en nuestra propia producción artística. Tomamos como punto de partida la tradición del exlibris, que ha estado ligada a los orígenes del libro y la imprenta, pero cuestionamos su enfoque de propiedad privada. En cambio, lo recreamos como una imagen y documento de los patrimonios comunitarios que se generan en estos espacios. Nuestra propuesta se basa en los fundamentos del Arte Relacional, con el objetivo de fomentar un intercambio equitativo, plural y horizontal. Buscamos sumar experiencias, difundir el lenguaje gráfico en su especificidad y crear una obra colectiva abierta. Como acto de federalismo, nos proponemos llegar a las 23 provincias argentinas, ya sea trabajando en pequeños pueblos o grandes ciudades, con el fin de fortalecer las redes existentes de intercambio cultural o crear nuevas. Es importante destacar que nuestro proyecto ha obtenido la declaración de interés municipal y provincial en el año 2019, en el contexto de la residencia para artistas en la Biblioteca «La Lechuza» en Chajarí, provincia de Entre Ríos, Argentina. En los encuentros se trabaja en modalidad de taller, luego de haber conversado sobre el exlibris y las realidades de los distintos espacios. Se comienza a tallar las matrices: pequeños módulos, tacos de madera, 2cm x 2cm, 4cm x 4cm, los cuales, inspirados en los tipos móviles, encastran en marcos que sirven como soporte de composición. Cada persona realiza un solo módulo, aunque necesita más de uno para crear la imagen final. A la hora de la estampa el proceso será seleccionar los módulos, componer la imagen, y, a su vez, podrá darle a cada módulo un tratamiento de color, con la posibilidad de que surja una obra policromática. Al estampar esta matriz móvil, se dará una operación de recomposición permanente, donde la imagen generada a partir de cada encuentro se convierte en un desafío creativo, compositivo y discursivo, en un exlibris vivo, un exlibris mutante. En simultáneo a este proceso colectivo, que denomino “viaje gráfico”, se desarrolla una obra personal, que consistirá en la estampa de “estados del viaje”, es decir, una obra para cada etapa del recorrido, donde se incluyen las matrices obtenidas hasta el momento. Obra pensada como un “mapa gráfico” que da cuenta de cómo, con el paso del tiempo, crecen y se suman nuevas imágenes, proceso que significa, en lo personal, un momento de reflexión, contemplación y producción sobre lo experimentado, una forma de registrar mi percepción/sensación de estas relaciones. También acompaña el proceso un “cuaderno de bitácora”, como objeto aparte y complementario, intervenido por cada uno de los participantes. En él se incluyen nombres, dibujos, edades, mensajes y lugares de residencia. Allí aparece aquello que funda la obra, su sentido: la experiencia, el “viaje por el tiempo colectivo”.













